Berlín: una explosión de arte urbano

By 11 abril, 2017Sin categoría

Hay ciudades a las que el paso de tiempo ha convertido en todo un icono. Nueva York, ciudad de los rascacielos, es símbolo de modernidad; París ostenta el título de ciudad del amor; Los Ángeles, donde se despliega el hollywoodiense paseo de la fama, es la meca del cine. Y Berlín, desde hace años, es el punto neurálgico donde se concentran artistas de todo el mundo para dar rienda suelta a su creatividad, lo que le permite presumir de urbe cosmopolita y vanguardista.

En la capital alemana convergen desde hace décadas artistas y disciplinas que han hecho de ella una ciudad-museo. Los murales abarcan edificios completos, y allá donde se pose la vista, no es difícil encontrar un stencil o graffiti evocador o un póster con contenido político o social. A pie de calle, decenas de galerías nos recuerdan que estamos en una ciudad en la que el arte es forma de expresión, pero también una opción de vida y, claro está, posibilidad de negocio.



Si hay un lugar en Berlín por el que se identifique la ciudad, ese es sin duda el Muro de Berlín, reflejo aun hoy de la división que sufrió la ciudad entre 1961 y 1989. Lo que queda hoy en día de la construcción es un lienzo -la East Side Gallery– de 1.316 metro de longitud en el que se fusionan bñanco y negro y color, represión y explosión de libertad. De hecho, uno de los emblemas berlineses, además de un icono contemporáneo, es el famoso y replicado graffiti que inmortaliza el beso entre los líderes comunistas Erich Honecker, de Alemania Oriental, y Leónidas Breznev, de la Unión Soviética durante el 30 Aniversario de la República Democrática Alemana en Junio de 1979.


Dentro de ese poliedro que es Berlín, destacan también sus casas okupas, espacios propios de creatividad condensada. Entre todas, la más famosa era -y sigue siendo, en el recuerdo- Tacheles. Hoy desaparecida, Tacheles no era una casa okupa al uso, ni centro cultural al uso: era un espacio de encuentro, una secuencia detenida -pero muy viva- de décadas de vivencias sociales y artísticas. Fue en los noventa cuando sus paredes comenzaron a ser ocupadas. En 2004, el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento, y se declaró monumento histórico, lo que lo protegía de agentes inmobiliarios en un distrito, el Mitte, tocado por el halo de la especulación. O eso parecía. En 2012, después de un largo tira y afloja, Tacheles cerró sus puertas y el espacio fue sacado a subasta. No obstante, aunque sea irremplazable, no es difícil encontrar espacios similares hoy en día, en los que conviven talleres, salas de exposición, tiendas de artesanía y bares.

Berlín sigue rezumando aún hoy un halo gris, que no nos permite dejar de recordar toda la historia que han contenido sus calles, y su población, claro está. Quizá es en esa mezcla de restos de un pasado contenido y explosión de modernidad donde reside el encanto que la hace tan atractiva a los artistas para afincarse en ella y explorar su dimensión creativa.