Dismaland: arte urbano hecho atracción

By 9 febrero, 2017Sin categoría

Hubo una vez un parque de atracciones donde nada es bonito, pero todo es sugerente. Las escenas que en él se podían contemplar no provocaban una sonrisa tierna o placentera. Más bien, invitaban a esbozar una mueca con la complicidad que suele propiciar la ironía hilada bien fina. Hubo una vez un parque de atracciones donde los colores no eran alegres; donde las composiciones no resultaban agradables; donde no ibas a pasarlo bien. Hubo un parque de atracciones que rezumaba crítica social: todo un dardo a la realidad. Fue bautizado como Dismaland, y su progenitor fue Bansky.

Antes de entrar al recinto, los trabajadores instigaban al público que hacía cola a permanecer en estado neutro, con un directo “no te rías”. Porque a Dismaland no ibas a reírte, y si llegados a ese punto no lo sabías, mejor que lo supieras cuanto antes. La idea de Bansky al llevar a cabo esta iniciativa de arte efímero – cerró sus puertas en septiembre de 2016, solo cinco semanas después de su inauguración, como estaba previsto- era la de recrear un escenario diatópico que fuera en sí mismo, de forma más o menos hiperbólica, una pantalla en la que proyectar las críticas aplicables a la sociedad actual.


Un castillo en ruinas, personajes Disney deconstruídos, furgones de policía y hasta un campo de entrenamiento para anarquistas: todo es posible en Dismaland. Con intervenciones de hasta 58 artistas contemporáneos de 17 países diferentes, el recinto se erigía como todo un museo viviente del menos amable y más ácido del arte. Un alegato al humor negro, reflejo de la personalidad propia del grafitero más famoso del mundo –y enigmático, puesto que se desconoce su identidad-. Como curiosidad, Bansky destinó los materiales utilizados para levantar Dismaland a la construcción de refugios para inmigrantes en Calais (Francia).

¿Quieres saber cómo era pasar un día en este insólito parque de atracciones?